14Nov 07

[SIMO 2007] Valoración: mercadillos de barrio

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Ante la amplia oferta del SIMO, hemos creído conveniente hacer diferentes valoraciones por temáticas y que puedes leer en los otros blogs de la red Swebloo, en los cuales se da un punto de vista distinto al que estás leyendo.

Fijaos bien es la imagen superior. Salta a la vista lo que es el reclamo del stand, el cual, una vez el visitante se acercaba, veía que se trataba de una tienda que vendía productos informáticos a muy bajo coste. Y como esta tienda, había varias más. Y podías comprar consumibles. Y portátiles a 300 pavos. Y monitores a 100.Y revistas. Y soportes para el móvil. Y camisetas. Y algunas exhibían coches con estupendas posibilidades de financiación. Una financiación posible gracias al ejército de comerciales de entidades bancarias que te asaltaban para que te hicieras una nueva tarjeta de crédito. Y de vez en cuando levantabas la vista y reconocías que, efectivamente, no estabas en un centro comercial, ni en un mercadillo de barrio, puesto que las mujeres gritando “me lo quitan de las manos” habían sido substituidas por azafatas de curvas generosas y agrias sonrisas Colgate que intentaban atraerte a los stands las tiendas.

Lo mejor de todo es que había comercios que, ni cortos ni perezosos, habían montado más de una tienda en el SIMO de este año, relegando el espíritu de la feria a la altura de un mercadillo de barrio. Contrastaban las empresas que intentaban ofrecer sus productos mediante una imagen muy cuidada y una atención personalizada con las melees de gente que se amontonaba alrededor de inmensos cubos de productos baratísimos al ser restos de serie. Oportunidad. Ocasión. Solo durante el SIMO. No lo deje escapar. Y ojo, que los clientes tenían cara de satisfacción, pero… y el SIMO? Donde estaba? No estaba. Nada de novedades; nada de cosas nuevas para ofrecer, ni nada que no se supiera ya. Bueno si, había muchas empresas que ofrecían muchas cosas nuevas, pero que no tenía nada que ver con el SIMO. Las grandes marcas brillaban por su ausencia, y las pocas que había, quedaban ensombrecidas por comercios oportunistas que casi seguro sacaron beneficiosa tajada de un evento que ahora mismo va cuesta abajo y sin frenos. Hay dos caminos posibles: o replantearse el evento en cuestión, o directamente cambiarle el nombre y llamarle zoco.




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